
"Estás aquí dormida y sin embargo, me siento acompañado como nunca. (Benedetti, M.)"
Es la forma en la que se me ocurre comenzar, con las sabias palabras de un hombre como Mario Benedetti, quien le escribe a la tierra, a las mujeres, a la pasión, al amor...
Han sido esas sabias palabras las que he tenido ancladas en mi mente desde aquel último día, cómo he extrañado ese día, cada momento, cada movimiento, cada mirada, cada detalle, cada rasgo, pero principalmente, esa sensación de plenitud, sí, no se me ocurre otro nombre para describirlo, para describirte... hace poco regresé a mi lugar, dice Chavela Vargas que "uno siempre regresa al viejo lugar a donde amó la vida", estoy absolutamente de acuerdo con ella, aún cuando me resisto, finalmente he regresado, he cedido... estar frente a esa puerta, nuevamente entre esos muros, donde parecía resonar el eco de tu voz, hasta el comedor donde pasamos largas noches alternando el café, la música y las palabras, todo seguía igual, con más o menos polvo, pero igual, sin embargo, lo peor aún faltaba, o quizá lo mejor.....
Subí a la habitación, observé lo ancho de mi cama, que aquella noche se convirtió en nuestra cama, me fue inevitable arrojarme hacia ella como quien se arroja al fondo de un abismo, en menos de lo que yo misma esperaba, me encontraba tirada y enredada como un nudo, el mismo nudo que sentía cómo se orginaba en mi estómago, subía sin piedad hasta mi pecho, acelerando los latidos de mi corazón, y terminaba en mi garganta..... para ese momento me encontraba ya llorando y gritando!!!!! sentía cómo el dolor recorría cada uno de los poros de mi cuerpo, y cómo al mismo tiempo se erizaba mi piel, esa sensación me era tan familiar, cerré los ojos, toqué las sábanas, me envolví en ellas, olí la almohada, y me di cuenta enseguida de que eras tú, que seguías siendo tú, tu olor aún ahí, en mi cama, en nuestra cama, entre las sábanas, entre la almohada, parecía que tu esencia había quedado impregnada, no solo en ese santuario que ahora era mi habitación, sino en mi misma, en aquella fusión había quedado impregnada de tu olor, de tí... fue entonces, cuando recordé el calor que desprendía tu piel morena, la silueta de tu cuerpo, el vello escueto de tus piernas, el ancho de tu espalda, tus brazos fuertes, tus manos gruesas, tu pecho lampiño, los rasgos de tu cara, tus labios húmedos, esas violetas que rodeaban tus ojos, tus pupilas dilatadas, cómo entendía a Griselda Álvarez cuando escribió su Anatomía Superficial, nada llena tanto de placer que el observar cada rincón de ese roble que es tu hombre, porque al observarlo, lo vistes y desvistes a tu antojo, y lo dejas indefenso cual niño abandonado, para al mismo tiempo seguirlo albergando en lo más profundo de tu ser; despúes recordaba cómo ibas quedándote dormido, hasta caer profundamente en los brazos de Morfeo, mientras que yo no podía ceder a ese mismo encanto, no me era posible, era demasiado, era un sueño, que terminaría al amanecer, al despertar, pero no era posible!!! no estaba dormida, estaba allí, contigo, frente a tí, estabas allí, dormido y sin embargo, me sentía acompañada como nunca.....
Hoy regreso, sí, a ese viejo lugar, donde sé que alguna vez amé la vida, donde te amé, donde me entregué, donde alguna vez cedí.... Estoy aquí, en lo ancho de esta cama, extrañándote, deseándote, necesitándote, escribiendo mi propio Himno al Amor, pero al mismo tiempo, maldiciéndote a tí mi Paloma Negra, desangrándome como Frida al ser apuñalada, ardiendo en el aro de fuego de June Carter, arrancándome el cabello para no arrancarme la vida y quedarme vacía, en un grito desesperado de "Nunca más" como lo aprendí de Allan Poe, estoy aquí, enfrentándote, estoy aquí, para finalmente dejarte ir.....
"Quizá te destrocen el corazón, quizá le destroces el corazón a alguien más, pero nunca volverás a ser el mismo" (Bones).